Anuario 2011: NUEVAS MOVILIZACIONES EN LA RED

Este año 2011, la sección internacional contará con textos sobre las movilizaciones y revoluciones de varios países árabes, las movilizaciones estudiantiles en Chile, el papel de los movimientos sociales en el proceso democrático de Bolivia, el movimiento Ye’n a marre en Senegal y el ciclo de movilizaciones “indignadas” en España, Grecia, EEUU e Israel.  La sección de resúmenes del año nos explicará la evolución que durante el 2011 ha tenido cada uno de los movimientos sociales del Estado español.

El 2011 a pie de calle: de la red a la plaza

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Movimientos urbanos, asociaciones vecinales y 15-M

Marc Andreu (periodista e historiador, codirige la revista Carrer de la FAVB y es doctorando del grupo de investigación GRANMA de la Universidad de Barcelona)

“Detrás de nosotros, estamos ustedes”. Así tituló el presidente de la Federación Regional de Asociaciones de Vecinos de Madrid (FRAVM), Nacho Murgui, un artículo de análisis del 15-M en la revista Carrer, de la Federació d’Associacions de Veïns i Veïnes de Barcelona (FAVB)[1]. Esta expresión de semántica y resonancias zapatistas condensa muy bien lo que el año 2011 significó para el movimiento vecinal y los movimientos urbanos en general. A saber (y en síntesis): la recuperación de un protagonismo reivindicativo a pie de calle, anhelado desde hacía un par de años para hacer frente a la crisis y que, por fin y por sorpresa, convocado desde todas las redes sociales -las nuevas, virtuales y globales; y las viejas, personales y locales-, llenó de ciudadanos indignados las plazas de ciudades, barrios y pueblos.

Bajo la consigna “democracia real ya”, y desde sus epicentros en la madrileña Puerta del Sol y en la barcelonesa plaza de Catalunya, el terremoto del movimiento 15-M lanzó su onda expansiva allende de fronteras y mares. A nivel local, sus réplicas dieron origen a una infinidad de asambleas que enlazaron (o chocaron, que de todo hubo) con la realidad asociativa urbana preexistente. Así es: como en todo lo que se refiere a movimientos sociales, el 15-M marcó el año 2011 también para el movimiento vecinal. Pero en este caso, como ocurre en general para todo lo que se engloba dentro de los movimientos sociales urbanos -que además de asociaciones de vecinos incluyen a movimientos de okupación y de lucha por el derecho a la vivienda-, el 15-M no fue ni un parteaguas ni tan siquiera, exclusivamente, un punto de inflexión.

Es verdad que para el movimiento vecinal y los movimientos urbanos hay un antes y un después de las movilizaciones que estallaron en muchas ciudades de España el 15 de mayo del 2011. Como a todo el mundo, el éxito de convocatoria, la impronta social y el eco mediático del movimiento 15-M pilló por sorpresa a dirigentes vecinales y a activistas urbanos de todo tipo. Pero si algunos colectivos sociales organizados cabe rastrear tanto entre los inspiradores como entre los principales beneficiarios del 15-M, estos son precisamente el movimiento vecinal y el de lucha por el derecho a la vivienda.

El 15-M fue una explosión de indignación social en plena crisis que los teóricos de los movimientos urbanos vaticinaban desde hacía tiempo, aunque no la supieron prever ni en tiempo ni en forma[2]. Y fue una explosión de indignación social que en el 2010 (e incluso antes) algunas asociaciones y federaciones vecinales intentaron catalizar infructuosamente, casi en solitario y con más voluntarismo ideológico que eficacia organizativa. Eso fue así porque, además de por las muchas limitaciones del movimiento vecinal, hasta que no centraron su acción colectiva en los recortes en sanidad y educación y, ante las elecciones municipales del 22 de mayo, en el clamor por una democracia real, las asociaciones de vecinos focalizaron su reivindicación supralocal en cuestiones que no lograron galvanizar a la ciudadanía.

Así sucedió con la particular batalla vecinal contra el aumento de las tarifas eléctricas que, iniciada en el 2010, llevó a convocar el 15 de marzo de 2011 un apagón popular de escaso eco. Más testimonial fue incluso la campaña a favor de la tasa Tobin y de la abolición de los paraísos fiscales a la que se sumaron algunas federaciones vecinales en febrero de 2011. Y casi rutinaria fue la ya tradicional queja de Año Nuevo por el aumento tarifario en el transporte público. Sólo después del 15-M estas y otras denuncias vecinales (entre ellas, la sempiterna crítica a la corrupción y a la especulación) cobraron un nuevo sentido y un fuerte impulso. El ejemplo más claro es el de la lucha por el derecho a la vivienda y en contra de los desahucios, en la que nos detendremos casi al final.

Antes cabe analizar también cómo la escasa complicidad sindical con los esfuerzos del movimiento vecinal y urbano para catalizar la indignación ciudadana fue un lastre en los dos últimos años. El menguado apoyo popular a la denuncia que sindicatos, asociaciones de vecinos y partidos a la izquierda del PSOE lanzaron contra la reforma exprés de la Constitución del verano de 2011 tiene seguramente alguna explicación en la desangelada huelga general del 29 de septiembre de 2010. El relativo éxito de esa huelga dejó un regusto amargo porque, entre otras cosas, fue percibida por muchos activistas sociales como una tardía respuesta (y además con sordina) al brusco giro neoliberal que, en mayo del 2010, dio el Gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero al dictado de los poderes financieros y la Unión Europea.

En vísperas de la huelga general de 2010, el presidente de la Confederació d’Associacions Veïnals de Catalunya (Confavc), Joan Martínez, incitaba así, en una tribuna del diario Público, a que el movimiento vecinal participara de una alianza colectiva de la izquierda social para organizarse y luchar contra la crisis y los recortes sociales derivados de una más que evidente doctrina del shock: “Estamos ante una regresión de los derechos de los vecinos, del crepúsculo de un modelo de Estado del bienestar que nos preocupa mucho. Por eso, las asociaciones de vecinos saldremos a la calle el 29 de septiembre a la huelga general. El movimiento vecinal hace más de 40 años que lucha desde los barrios. Hemos visto otros crepúsculos, pero hemos hecho salir el sol con respuestas colectivas, imprescindibles para unos barrios más cohesionados social y territorialmente y más dignos”[3].

Sin embargo, la realidad fue que el 29 de septiembre de 2010, aunque en algunos barrios hubo experiencias interesantes de asambleas y piquetes conjuntos formados por sindicalistas, activistas vecinales, jóvenes okupas y cristianos de base, una huelga general planteada seguramente sin la convicción ni la fuerza organizativa necesarias y en un contexto político, cultural y mediático hostil no logró forjar por la base esa alianza de la izquierda social capaz de despertar y movilizar a la ciudadanía. Ocho meses después, y con algunas federaciones vecinales persistiendo en el intento, un Primero de Mayo vivido poco más que de oficio pese a una crisis económica y un paro que iba en aumento no dejaba mucho margen al optimismo.

Así lo refleja el inicio de una crónica de la revista La calle, de la Federación de Asociaciones de Vecinos y Barrios de Zaragoza (FAVBZ): “Los primeros de mayo no imaginaban que la plaza vacía sería el inicio de un movimiento social inesperado en España. Todo comenzó el 15 de Mayo” [4]. La misma publicación de la FAVBZ que analizaba cómo “la huelga general de los sindicatos en 2010 tuvo un escaso respaldo social debido a la pasividad de éstos frente a la crisis” y que especulaba que “tal vez por ello cuando Democracia Real Ya surgió se definió a sí misma asindical”  también sostenía, sin tapujos, que “el movimiento 15-M no surgió de la nada, sino que fue un proceso que evolucionó y fue impulsado por diferentes causas”.

Así las cosas, quizá lo que mejor resume el sentir del movimiento vecinal ante la explosión del 15-M sea la resolución que la asamblea general de la FRAVM aprobó el 17 de junio del 2011. He aquí un extracto muy elocuente:

“Hasta hace apenas unas semanas, las asociaciones vecinales nos preguntábamos el porqué de la soledad en la que parecían caer a menudo nuestros intentos de movilización social y, con el conjunto de las organizaciones, señalábamos la poca capacidad de movilización para hacer frente a los recortes sociales. Hoy, por el contrario, nos encontramos en un ambiente social de movilización, de innovación participativa, de exigencia masiva de más democracia. Asistimos al despliegue de una importante capacidad de iniciativa y de autoorganización por parte de un sector de la población que, hasta el momento, había permanecido invisible, en silencio y que hoy emerge con fuerza, haciendo gala de un sentido común, de unas capacidades comunicativas y de una disposición hacia la participación política que rompen con la imagen de pueblo adocenado y pasivo que se había ido imponiendo. Parece, por tanto, que algo nuevo está surgiendo y que recoge además muchos de los planteamientos que hemos venido defendiendo durante años: la necesidad de una democracia más participativa; la reivindicación de políticas fiscales más progresivas... incluso la necesidad de extender las asambleas a nuestros pueblos y distritos como forma de organización generalizada”[5].

Plataformas nacidas en Madrid como Juventud sin Futuro, Democracia Real Ya y Barrio Joven, así como la Plataforma de Afectados por la Hipoteca expandida desde Barcelona a partir de los restos del movimiento V de Vivienda conforman el cordón umbilical que une a los movimientos urbanos con el 15-M. Al margen de los vínculos de estas plataformas con las federaciones vecinales de Madrid y Barcelona, lo que mejor visualiza que los indignados no surgieron de la nada y que existió un antes del 15-M es precisamente el 14-M: convocadas por un centenar de entidades, ese día unas 100.000 personas salieron a las calles de Barcelona en la que fue la primera gran manifestación contra los recortes sociales cuyo alumno aventajado, en España, ha sido el Gobierno liberal nacionalista de Artur Mas en la Generalitat de Catalunya.

El peso organizativo de la protesta del 14-M en Barcelona corrió a cargo de las asociaciones vecinales y de los grandes sindicatos, en lo que fue, esta vez sí, el primer logro de una alianza de la izquierda social clásica por la que el movimiento vecinal –y significativamente su confederación catalana- suspiraba sin éxito desde hacía meses. No es baladí recordar que en vísperas de esa primera gran manifestación, el 10 de mayo, la Confavc entregó al Parlament de Catalunya 100.000 firmas recogidas en contra de los recortes en la sanidad pública. Fue una iniciativa de base impulsada por las asociaciones de vecinos muy bien recibida por los trabajadores y los usuarios del sistema sanitario.

Mucha (aunque no la mayoría) de la gente que se manifestó el sábado 14 de mayo en Barcelona repitió el domingo 15. De hecho, en número de manifestantes, la marcha del 14-M en Barcelona superó (y según las fuentes, casi dobló) la cifra de toda la gente que, en decenas de ciudades de España, salió a la calle el 15-M al grito de Democracia real ya. No somos mercancía en manos de políticos y banqueros. El eco mediático y el innovador impacto de una protesta aparentemente anónima y convocada por las redes sociales de internet que, en pocos días, se multiplicó en las plazas, relegó sin duda el trabajo movilizador hecho en los barrios y por las otras redes sociales, las tejidas por organizaciones más tradicionales. Una paradoja ilustra lo que ocurrió en Barcelona ese fin de semana: mientras algunas asociaciones de vecinos convocaban a la marcha del 14-M por el viejo sistema de empapelar su barrio con carteles fotocopiados pegados en árboles y mobiliario urbano, jóvenes activistas vecinales vinculados al movimiento okupa o a la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, y entre ellos el mismo presidente de la FAVB, Jordi Bonet, usaban las redes sociales de internet para convocar a la protesta del 15-M. Y es que, como certificó El Periódico de Catalunya en una información del 24 de abril titulada “Movilización vecinal 2.0”[6], internet y las redes sociales ya eran parte del acervo de las asociaciones de vecinos antes del 15-M.

Una vez más, la FAVB y la FRAVM se demostraron claves en su función de puente, de enlace o punto de encuentro, entre lo viejo y lo nuevo de los movimientos sociales urbanos. Unas realidades a veces contrapuestas o alejadas entre sí desde muchos puntos de vista: el generacional, el organizativo e, incluso, el ideológico. Por ello, tan significativo es que la FAVB fuera de las pocas entidades convocantes de la manifestación del 14-M que, en paralelo, también convocó formalmente la marcha del 15-M en Barcelona como significativo es que la FRAVM diera cobertura a la preparación del 15-M en Madrid. Ya el 7 de abril, y según recogió en un comunicado emitido dos días antes, la FRAVM llamó a participar en la manifestación organizada por el colectivo Juventud sin Futuro, uno de los gérmenes del 15-M:

“Siguiendo el ejemplo de las movilizaciones estudiantiles y juveniles que han tenido lugar en las últimas semanas en Inglaterra, Portugal o Italia, la red Juventud sin Futuro convoca para el próximo jueves 7 de abril a las 19.00 h. en la plaza de Antón Martín la primera manifestación contra una ‘política de recortes sociales del Gobierno’ que afecta de manera especial al colectivo juvenil. La Federación Regional de Asociaciones de Vecinos de Madrid (FRAVM), junto a decenas de organizaciones, apoya la protesta y anima a los madrileños y madrileñas a secundarla. Aunque la iniciativa tiene su origen en grupos de estudiantes de izquierdas de la Universidad Complutense y en la Coordinadora de Estudiantes, pronto se ha extendido a otras universidades del estado y comienza a calar en otros movimientos sociales que, como el vecinal, apoyan la concentración del próximo jueves. Y es que razones para salir a la calle no les faltan. Privilegiando el uso de medios electrónicos como su sitio web (www.juventudsinfuturo.net) y las redes sociales, Juventud sin Futuro quiere llamar la atención sobre la situación actual de una juventud que, “a pesar de ser la más preparada de nuestra historia, vivirá peor que sus padres”[7].

Es en este contexto que cabe señalar como significativamente relevante que el 26 de abril una veintena de jóvenes vinculados a asociaciones vecinales de La Elipa, Retiro, Valdebernardo (Vicálvaro), Villaverde, Lucero (Latina), Coslada, Moratalaz, Prosperidad, Vallecas y Moncloa se dieran cita en la sede de la FRAVM para forjar lo que el presidente de la federación madrileña, Nacho Murgui, definió como “la constitución de un espacio juvenil vinculado al movimiento vecinal y a la FRAVM, pero con autonomía y entidad propia”, con vistas a facilitar “la entrada y permanencia de la gente joven en el ámbito vecinal”. Ese espacio, bautizado como Plataforma Barrio Joven, se volvió a reunir el 10 de mayo en la FRAVM para ultimar los preparativos de la manifestación del 15-M, a cuya convocatoria contribuyó de forma activa (¡incluso con una clásica octavilla!) junto con la plataforma en red Democracia Real Ya.

Pese a todo, como ya se ha dicho, el éxito del 15-M pilló por sorpresa al movimiento vecinal. Sería absurdo negarlo. Aunque hubo quien, como la Confederación de Asociaciones Vecinales de Andalucía y Ceuta (CAVA), hinchó la retórica a la hora de defender al movimiento. “A nuestra organización no le pilla de sorpresa el llamado movimiento 15-M. Se equivocan quienes minimizan este tipo de movimientos, se equivocan quienes los ridiculizan, pues no cabe duda de que irán a más”, rezaba el editorial del número 30 de la revista de la CAVA[8].

Sea como fuere, la dispar presteza de las organizaciones vecinales en apoyar al nuevo movimiento prueba el desconcierto con el que fue recibido su éxito. Mientras las federaciones vecinales de Madrid y Barcelona, en sendos comunicados prácticamente idénticos, llamaron ya el 18 de mayo a la ciudadanía a movilizarse en apoyo de las acampadas de la Puerta del Sol y la plaza de Catalunya, la Confederación Estatal de Asociaciones Vecinales (CEAV) no manifestó su “simpatía por el movimiento democrático y pacífico surgido a partir del 15 de mayo en las plazas y barrios de todo el Estado” hasta una resolución de su consejo confederal del 2 de julio. Entre medio, y sólo a título de ejemplo, la Confederación de Asociaciones de Vecinos de Castilla y León (Cavecal) mostró su apoyo al 15-M el 21 de mayo, mientras que la junta de la federación vecinal de Valladolid no hizo lo propio hasta el 27 de mayo.

Para entonces, y como expuso el sociólogo Manuel Castells el 26 de mayo en una charla en la plaza de Catalunya, ya había acampadas contra el sistema económico y político “en 706 ciudades del mundo”. Una rebelión global –etiquetada incluso en la red como “revolución”- que, a nivel local, cristalizó desde el mes de junio en centenares de asambleas de barrio o pueblo en localidades de todo el Estado español. Sirva de ejemplo que, sólo en Catalunya, en julio se habían consolidado 120 asambleas sociales locales, 23 de ellas en barrios de la ciudad de Barcelona, en una efervescencia asamblearia, abierta y unitaria que no se vivía desde el final de la lucha antifranquista. Tras socializar políticamente a miles de jóvenes en las acampadas de las principales plazas urbanas, este repliegue o reorganización del 15-M en asambleas locales y de barrios sirvió para enlazar al nuevo movimiento con las dinámicas de los movimientos vecinal, asociativo y okupa, así como con la experiencia social, política, sindical y organizativa de mucha gente de izquierdas.

Este encuentro de culturas organizativas y generacionales distintas no fue fácil. No a nivel de barrio: las viejas asociaciones de vecinos vieron como en las nuevas asambleas sociales locales se soslayaba (por ignorancia o voluntad de empezar de cero) una experiencia organizativa de 40 años mientras, en paralelo, se redescubría o insuflaba aire nuevo al muchas veces anquilosado movimiento vecinal. Tampoco fue un encuentro fácil a nivel político: los grupos más politizados sumados desde el inicio al 15-M (okupas, autónomos, anticapitalistas, anarquistas, comunistas, ecologistas, feministas, cristianos de base, activistas vecinales…) se vieron sorprendidos y desbordados (quizá más en Barcelona que en Madrid) por la naturaleza asamblearia (y pacífica) del movimiento, así como por la enorme pluralidad y cantidad de sus integrantes.

En lo que concierne al movimiento vecinal, la eclosión del 15-M en plena campaña electoral municipal y, en cierta medida, indiferente al cantado y aplastante triunfo de la derecha política; la denuncia de la represión policial contra la ocupación de plazas públicas; el episodio del bloqueo del Parlament de Catalunya, el 15 de junio, y el proceso de mutación o traslado del movimiento 15-M desde las acampadas en los centros urbanos a las asambleas de barrio fueron, todos ellos, factores que pusieron a prueba las capacidades de análisis, reacción y adaptación de los dirigentes y organizaciones vecinales.

“¡Todo es un lío tremendo!, pero va tomando formas”. Lo escribía Nacho Murgui en referencia a lo que llamó “tránsito del acontecimiento al proceso” y a la consolidación del movimiento 15-M en un archipiélago de “asambleas de barrio conectadas de distintas formas, plataformas específicas, iniciativas concretas y esporádicas, quizá nuevos colectivos y grupos o, incluso, la integración en este nuevo marco de muchas de las realidades organizadas de siempre en la medida en que sean capaces de asumir este nuevo marco de acción política”[9]. Un ejemplo concreto de lío tremendo lo vivió la FAVB cuando, tras abanderar la petición de dimisión del consejero de Interior catalán por el violento desalojo policial de la plaza de Catalunya, el 27 de mayo, sufrió 20 días después las invectivas de políticos y medios de comunicación (e incluso la crítica interna en alguna asociación de vecinos) por haber dado cobertura a la acción del 15-M de bloquear el Parlamento catalán convocando una cacerolada a la misma hora y lugar en que un centenar de personas (de entre 3.000 manifestantes) rompieron la consigna de desobediencia pacífica para agredir a diputados. Tan abiertamente contraria a la violencia como favorable a mantener tendidos los puentes con distintas expresiones de los movimientos sociales, en la FAVB faltaron quizá reflejos para intuir y lanzar la siguiente reflexión: no es lo mismo levantar la consigna de No pasarán contra militares fascistas alzados en la Europa de 1936 que hacerlo -en Barcelona, Madrid o Atenas, pues las tres ciudades compartieron esa pancarta en la primavera del 2011- en contra de diputados electos del siglo XXI (y no explícitamente contra los mercados), por muy de baja intensidad que sea la democracia representativa.

Como luego sucedería en muchas ciudades durante la jornada mundial indignada del 15 de octubre, la pacífica y masiva (200.000 personas) manifestación del 19 de junio en Barcelona despejó ciertas sombras cernidas sobre el 15-M e hizo realidad el lema de la convocatoria: La calle es nuestra. Evocatorio (y revocatorio) de la proclama “la calle es mía” que el ministro franquista Manuel Fraga hizo en 1976 al negarse a autorizar la celebración del Primero de Mayo, lo de la calle es nuestra se convirtió en divisa y realidad del 15-M, también en sus versiones anglosajonas de Reclaim the Streets y Occupy Wall Street[10]. Y eso concierne especialmente a los movimientos urbanos.

Asumiendo que el uso reivindicativo del espacio público es una de seña de identidad de los movimientos sociales, la presencia estable del 15-M en los barrios populares es, sin ser fácil, tan o incluso más inteligente que el éxito de la puntual batalla por el centro urbano. Así pareció entenderse en acciones como la marcha indignada que hizo confluir sobre Madrid, antes del verano, columnas provenientes de ciudades y barrios de todo el Estado o en la experiencia de la universidad indignada de Barcelona que, tras el verano, puso especial énfasis en sus sesiones celebradas en el distrito obrero de Nou Barris.

Retomando lo de la calle es nuestra, un buen ejercicio de memoria histórica permite hallar referentes que no sean el lejano No pasarán antifascista de los años 30, sino los barrios metropolitanos de los años 70. Para ellos, extrapolando a Barcelona, Madrid, Valencia, Bilbao, Vitoria, Gijón, A Coruña, Zaragoza o Sevilla el caso de Sabadell de 1976 analizado por el historiador Xavier Domènech, sirve la tesis publicada con el título (traducido del catalán) Cuando la calle dejó de ser suya[11]. De Fraga y del franquismo. De la especulación y la derecha. Durante la transición española, en un momento de cambio histórico decisivo como lo es el actual, la calle pasó a ser de la gente. Por poco pero suficiente espacio tiempo como para lograr cosas tan imperfectas como la democracia, la calle estuvo entonces en manos de unos movimientos sociales -el obrero, incardinado en las Comisiones Obreras, y el ciudadano, representado por las asociaciones de vecinos- muy bien organizados y articulados con la izquierda política, que aspiraba a algo más sin desdeñar lo que pudo conseguir. Justamente esa buena organización y articulación política que no existe ahora que, curiosamente, vuelve a reclamarse algo más que democracia: una democracia real.

Ahora bien, y haciendo bueno el dicho de que la excepción confirma la regla, sí hubo en el 2011 un buen ejemplo de organización y articulación política entre movimientos urbanos, asociaciones de vecinos, consumidores, sindicatos e incluso actores políticos de izquierda: la lucha contra los desahucios. Cabe remontarse a noviembre del 2010, en la localidad catalana de La Bisbal del Penedès, para fijar el primer desahucio paralizado por la Plataforma de Afectados por la Hipoteca. En crecimiento exponencial desde el 15-M e impulsada por gente vinculada al antiguo movimiento V de Vivienda y al movimiento vecinal -Ada Colau, una de sus portavoces, es miembro de la junta de la FAVB-, la Plataforma de Afectados por la Hipoteca se extendió por toda España. Con su acción directa, y apoyada cada vez por más gente, a finales del 2011 había logrado fijar esta problemática en las agendas política y bancaria y paralizar cerca de un centenar de desahucios. Un gran éxito, aunque simbólico: desde que arreció la crisis, en el 2008, en los tribunales españoles se han presentado 151.354 desahucios, la mayoría por impago hipotecario[12], mientras se calcula que en todo el Estado español el 20% de las viviendas están vacías, en una cifra que podría rondar los seis millones de casas desocupadas[13].

Puesto que Barcelona, con un promedio de 18 desahucios al día, fue una de las provincias más afectadas; y puesto que en Catalunya fue donde más empeño se puso en forjar esa complicada alianza de la izquierda social antes mencionada, no es extraño que su único logro –o, al menos, el más estratégico desde un punto de vista institucional- saliera de allí: la Iniciativa Legislativa Popular en favor de la dación hipotecaria en pago. Esta ILP, cuyas firmas se recogerán en el 2012 por toda España, es una iniciativa presentada el 30 de marzo del 2011 ante la mesa del Congreso por la Confavc, la Plataforma de Afectados por la Hipoteca, CCOO y UGT de Catalunya, la Unió de Consumidors de Catalunya, la Mesa de Entidades del Tercer Sector Social de Catalunya y el Observatorio DESC, que desde diciembre del 2011 preside el urbanista y teórico de los movimientos urbanos Jordi Borja.

Cuando, ante las elecciones generales del 20 de noviembre, los partidos políticos no pudieron eludir en sus programas la cuestión de la dación en pago como respuesta a los embargos y desahucios hipotecarios quedó claro que los movimientos urbanos habían puesto una pica en Flandes. Si hasta el coordinador de IU, Cayo Lara, fue criticado por participar en campaña en un piquete antidesahucio –cuando el grupo parlamentario de de IU-ICV-ERC fue el único que, infructuosamente, propuso la dación en pago al Congreso-, no es extraño que el PSOE y todos los partidos a su derecha, al igual que las entidades bancarias, se vieran incomodados y forzados a tirar de márketing para disimular su responsabilidad en una problemática con cada vez más rechazo social. Ejemplos de ello fueron tanto que la FRAVM se atreviera a pedir la nacionalización de Caja Madrid-Bankia como que algún juez echara un cable a los movimientos urbanos negándose a ordenar el desalojo[14] de alguno de los edificios okupados por activistas sociales a partir del 15 de octubre, en distintas ciudades, y puestos a disposición de familias desahuciadas.

Precisamente las masivas manifestaciones del 15 de octubre que dieron paso a estas okupaciones cerraron simbólicamente el año 2011 para el 15-M y los movimientos urbanos. Se demostró que el movimiento seguía vivo en todo el mundo… y aparentemente ajeno otra vez en España, o al menos en una dimensión paralela, a la cantada nueva victoria de la derecha política que en las elecciones generales del 20 de noviembre remató la de los comicios locales del 22 de mayo. La abstención, eso sí, triunfó de nuevo en los barrios más populares: Vicálvaro-Cañada Real (Madrid), Polígono Sur (Sevilla), Gótico (Barcelona), Los Asperones (Málaga), Vallecas-Cañada Real (Madrid), Sant Cosme (El Prat de Llobregat), Llefià (Badalona), Añaza (Tenerife), El Puche (Almería) y Palma-Palmilla (Málaga) lideraron ya desde el 2008 unos niveles de abstención de entre el 65 y el 80%[15].

Que durante el 2011 la socialdemocracia claudicante se hundiera ante el neoliberalismo triunfante y la izquierda alternativa sólo capitalizara electoralmente una pequeña parte de la indignación ciudadana es algo que no debiera sorprender del 15-M. Ya tras el Mayo del 68 quedó demostrado que la efervescencia de los movimientos sociales urbanos no corre siempre paralela a la política institucional ni se traduce inmediatamente en cambios revolucionarios. A corto plazo puede dar lugar incluso a involuciones (como las de la Francia gaullista de junio de 1968 o los años de plomo italianos), aunque a medio y largo plazo abre expectativas para la transformación social y el cambio cultural o de hegemonía gramsciana.

Estas expectativas hay que trabajarlas a fondo y desde la base porque, como ya dijo Gramsci, las ideas no viven sin organización. Y en eso siguió precisamente bregando el movimiento vecinal, de forma desigual según barrios y ciudades, federaciones y confederaciones. Como siempre, pero con el 15-M y sus asambleas locales como nuevo elemento a tener muy presente. En lo que a estructura organizativa del movimiento vecinal se refiere, en el 2011 nació por ejemplo la plataforma Unión de Vecinos de Álava, opuesta a la federación vecinal ya existente. Nació también la Federación Provincial de Asociaciones Vecinales de Jaén. Y la CAVA andaluza se rejuveneció eligiendo unánimemente como presidenta a María Dolores Rincón, el 11 de noviembre. Casi un año antes, en enero del 2011, la FAVB hizo lo propio eligiendo como presidente a Jordi Bonet, investigador social universitario y treintañero con experiencia en movimientos como el okupa y el antiglobalizador. En esa asamblea de enero y otra de abril, la FAVB cerró en positivo la profunda crisis vivida en el 2010 a raíz de un enfrentamiento entre la anterior presidenta y la dirección de la revista Carrer, que llegó a provocar la dimisión en bloque de la junta y la parálisis de la publicación vecinal a causa de la destitución temporal de sus responsables.

En otro nivel, a lo largo del 2011 siguió intentando salir a flote la Confederación Estatal de Asociaciones Vecinales (CEAV). Pero la CEAV, que desde el 2008 preside el asturiano José Vicente Vallín, siguió siendo casi irrelevante sin la adscripción de organizaciones territoriales como las de Barcelona, Madrid, Bilbao, Andalucía o Canarias. En la asamblea de la CEAV del 5 de noviembre en Madrid -a la que asistieron 157 delegados en teórica representación de 99 federaciones y confederaciones, que a su vez agrupan a más de 3.000 asociaciones vecinales y a un número aproximado de un millón de personas- se habló aún de incidir “en los planteamientos de unificación vecinal”. Con medio año de retraso respecto al 15-M (y más en relación a la práctica de muchas organizaciones vecinales), la CEAV dio un giro estratégico “con la intención de darle un nuevo impulso a su línea de trabajo”. Así, la asamblea decidió que la base principal de la acción vecinal sea “una clara apuesta por la defensa de los servicios públicos y la confrontación frente a cualquier recorte social, siempre procurando el incremento de los cauces de participación ciudadana en los asuntos públicos”.

Ello no significó otra cosa que adaptarse a la realidad de la gran mayoría de asociaciones vecinales y movimientos en los barrios. Y es que, junto con la lucha contra los desahucios y por el derecho a la vivienda, y sin menoscabo del trabajo por la convivencia y en contra del racismo y la xenofobia, la defensa de la participación ciudadana y los servicios públicos frente a los recortes sociales marcaron casi toda la actividad vecinal en el 2011. Ésta se visualizó mediáticamente en las concentraciones contra los desahucios, en la ocupación de centros de salud en Catalunya para evitar su cierre –ni tan siquiera en Nochebuena abandonaron sus dos meses de encierro en el ambulatorio los vecinos de Bellvitge, en l’Hospitalet de Llobregat- y en las movilizaciones en defensa de la escuela pública, especialmente intensas en Madrid, Valencia y Barcelona.

Si el joven dirigente vecinal barcelonés Genís Pascual (31 años), hijo y nieto de activistas vecinales, ponía el titular a todo ello declarando en una entrevista a El Periódico de Catalunya que “las entidades vecinales deben ser antisistema”[16], la histórica dirigente vecinal de su misma ciudad Maruja Ruiz (75 años) puso la mejor foto al año. Y un ejemplo de dignidad que llevó a reclamar en algún editorial de prensa alternativa “una ‘Maruja’ en cada barrio, en cada pueblo”[17]. Esta militante comunista nacida en Guadix (Granada), hija de anarquista y emigrada a Barcelona en 1949, que participó en la huelga de tranvías de 1951 y fue una de las fundadoras del movimiento vecinal en Nou Barris, debía recoger el 28 de noviembre la Medalla de Honor de Barcelona de manos del nuevo alcalde Xavier Trias, de CiU. Pero en pleno acto público la rechazó y, no contenta con dejar, estupefacto, al alcalde con la medalla en la mano, cogió el micrófono para argumentar que no podía aceptar una medalla de “quien hace recortes en educación y sanidad”[18].

En resumen, para el movimiento vecinal y los movimientos urbanos el año 2011 puede resumirse en cuatro citas, un titular y una portada. “La crisis es muy profunda pero los barrios se están moviendo”, aventuraban el 15 de marzo de 2011, en una entrevista al semanario Directa, los historiadores Iván Bordetas y Anna Sánchez, autores del libro colectivo Construint la ciutat democràtica. El moviment veïnal durant el tardofranquisme i la transició. “La calle vuelve a tener fuerza histórica y socializadora”, dijo la editora de ese libro e historiadora especializada en anarquismo Anna Monjo la misma tarde de junio que la policía blindaba el Parlamento catalán contra miles de activistas del 15-M. Por las mismas fechas, el urbanista y teórico de los movimientos urbanos Jordi Borja hablaba de “resocialización de la política desde la calle”. Y, ya el 14 de enero de 2012, la socióloga experta en globalización y movimientos urbanos Saskia Sassen confirmaba, en una contraportada de El País, que los movimientos callejeros “se han convertido en espacios para hacer política y están haciendo historia”. No es por casualidad, pues, que en sintonía con el sociólogo Zygmunt Bauman que dio a 2011 el título de “año de la gente en movimiento”[19], el personaje del año que escoge siempre en portada la revista Time fuera, para el 2011, un anónimo manifestante callejero: “The protester. From the Arab Spring to Athens. From Occupy Wall Street to Moscow”. Pasando por Madrid y Barcelona, claro.

 


[1] MURGUI, Nacho. ‘Detrás de nosotros, estamos ustedes’, en Carrer¸ nº 119, FAVB, Barcelona, julio de 2011. http://www.favb.cat/carrer11

[2] El ejemplo más recurrente era el de la explosión violenta en las banlieu francesas, en otoño del 2005.

[3] MARTÍNEZ, Joan. ‘El crepuscle del benestar als barris’, en Público, edición Catalunya, 9 de septiembre de 2010.

[4] ‘15-M: Zaragoza toma la plaza’, en La calle, nº 93, FAVBZ, Zaragoza, octubre de 2011.

[5] Resolución de la asamblea general de la FRAVM, 17 de junio de 2011. http://aavvmadrid.org/index.php/Noticias/La-Asamblea-General-de-la-FRAVM-saluda-el-movimiento-15-M

[6] LÓPEZ, Helena. ‘Movilización vecinal 2.0’, en El Periódico de Catalunya, Barcelona, 24 de abril de 2011.

[7] Comunicado de la FRAVM, 5 de abril de 2011.

http://aavvmadrid.org/index.php/Noticias/La-Federacion-vecinal-con-la-juventud-sin-futuro

[8] ‘15M y movimiento vecinal’, en Información CAVA, nº 30, CAVA, 2011.

[9] MURGUI, Nacho. Op. Cit.

[10] Occupy Wall Street es un movimiento nacido en Nueva York el 17 de septiembre de 2011 a imagen y semejanza del 15-M. Reclaim the Streets surgió en cambio en Brixton, Londres, en otoño de 1991 y evolucionó de un movimiento urbano en contra del abuso del coche sobre el espacio público a un movimiento anticapitalista local y global. De hecho, la primera referencia al fenómeno reclaim the streets es del marxista Marshall Berman en su obra de 1981 Todo lo sólido se desvanece en el aire.

[11] DOMÈNECH, Xavier. Quan el carrer va deixar de ser seu. Moviment obrer, societat civil i canvi polític. Sabadell (1966-1976), Barcelona, 2002, Publicacions de l’Abadia de Montserrat.

[12] DONCEL, L. “Desahuciadas más de 150.000 familias en los últimos cuatro años”, en El País, Madrid, 24 de diciembre de 2011.

[13] MARTÍNEZ, Juan Carlos. “En España un 20% de las viviendas están vacías”, en El País, Madrid, 8 de enero de 2012.

[14] ALBALAT, J.G. y SUST, Toni. “El juez rechaza el desalojo del edificio ocupado por el 15-M”, en El Periódico de Catalunya, Barcelona, 8 de noviembre de 2011.

[15] GÓMEZ FORTES, Braulio y TRUJILLO CARMONA, Manuel. Los excluidos también pueden votar:

abstención y exclusión social en España, Fundación Alternativas, Madrid, 2011.

[16] PLACER, David. Entrevista a Genís Pascual en El Periódico de Catalunya, Barcelona, 16 de noviembre de 2011.

[17] Directa, Barcelona, 7 de diciembre de 2011.

[18] CALDEIRO, Luis. Entrevista a Maruja Ruiz, en Carrer, nº 121, FAVB, Barcelona, diciembre de 2011. http://www.favb.cat/carrer121

[19] BAUMAN, Zygmunt. http://www.social-europe.eu/2011/12/2011-the-year-of-people-on-the-move/