Anuario 2011: NUEVAS MOVILIZACIONES EN LA RED

Este año 2011, la sección internacional contará con textos sobre las movilizaciones y revoluciones de varios países árabes, las movilizaciones estudiantiles en Chile, el papel de los movimientos sociales en el proceso democrático de Bolivia, el movimiento Ye’n a marre en Senegal y el ciclo de movilizaciones “indignadas” en España, Grecia, EEUU e Israel.  La sección de resúmenes del año nos explicará la evolución que durante el 2011 ha tenido cada uno de los movimientos sociales del Estado español.

Grecia 2011: Sociedad contra Neo-liberalismo

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Apostolis Fotiadis

Grecia a principios de 2011

El comienzo de 2011 encontró a la sociedad griega y su sistema político luchando con las consecuencias provocadas por el plan de ajuste estructural iniciado por el acuerdo de Grecia con el FMI y sus socios europeos en mayo de 2010.

El plan de ajuste estructural del FMI, tal y como el mismo ha admitido, fue un corta-pega de otros mecanismos de austeridad implementados en América Latina y los países de Europa del Este durante los años 90 en su mayoría. El objetivo era básicamente la consolidación fiscal a través de recortes en el gasto y una dura política de impuestos horizontales. En consecuencia, después de medio año de ejecución rápida sólo la recesión económica ya estaba golpeando duro a los principales sectores económicos como la construcción y los servicios del tercer sector.

Movimientos sociales organizados habían reaccionado ya en varios casos, especialmente a través de una amplia actividad sindical durante días de huelga general sin resultados considerables. A lo largo de 2010 los violentos disturbios han sido un efecto secundario normal de la gran deconstrucción, sobre todo por parte de las personas que participaban en manifestaciones espontáneas de tipo Bloque Negro y en confrontaciones con las fuerzas policiales antidisturbios. Esta fue la herencia de los acontecimientos de 2008, que siguieron al asesinato de Alexis Grigoropoulos por parte de un agente de la policía en Exarxia, feudo de la actividad anarquista y de la izquierda radical, lo cual empujó rápidamente hacia la política y radicalizó a toda una generación de jóvenes. Una revuelta así provocó la muerte de tres personas que trabajaban para el Marfin Bank en mayo de 2010, durante la mayor manifestación de la última década, los días previos al acuerdo de rescate inicial con el FMI.

Si bien no se ha esclarecido la autoría del crimen, dado que se ha demostrado informalmente que diversos grupos paraestatales y otros grupos de interés secuestran los disturbios a menudo, el evento ha congelado la reacción de la opinión pública y ha causado una sumisión que duró hasta finales de 2010. Un bloque unido de medios de comunicación e intereses políticos y empresariales, por su parte, ha organizado mientras tanto una agenda ideológica para apoyar el plan de ajuste estructural, que inicialmente se centró en reducir rápidamente el déficit con impuestos a la clase media y en la rápida desregulación del mercado de trabajo, con el objetivo de mejorar la competitividad, según la justificación neoliberal.

Un año de deconstrucción neoliberal que empieza de forma violenta

La puesta en práctica de duras políticas neoliberales ha ido de la mano del aumento del uso de la fuerza policial contra la respuesta social organizada. Esto era ya evidente a comienzos del año, después de la brutalidad policial demostrada en la manifestación del 15 de Diciembre de 2010. Los abusos de la autoridad policial, ya en los últimos meses de 2010, habían comenzado a generar preocupación entre el público, así como en los círculos de los profesionales de la medicina.

El 6 de diciembre, a raíz de la violencia en los disturbios, decenas de estudiantes heridos fueron ingresados ​​en el Hospital Evagellismos, situado en el corazón de la ciudad.

Panos Papanikolaou, neurocirujano de la Unión Médica de Atenas, recordaba ese día porque había tantos alumnos heridos ingresados que el hospital tuvo que abrir sus salas de urgencia. "Al menos 45 personas fueron contabilizadas en las unidades de emergencia alrededor de Atenas", recordó Papanikolaou. "Las lesiones fueron más, y más graves que antes. Algunas personas no sólo son golpeadas con porras, puñetazos y patadas, sino que también son golpeadas en la cabeza con extintores que la policía lleva para apagar los cócteles molotov", dijo. Durante los primeros meses de 2011, además de las lesiones físicas, los médicos especializados han sido testigos de un aumento en el número de personas que buscan atención médica como consecuencia de haber estado expuestos a gases lacrimógenos y otros químicos. Olga Kosmopoulou, especialista en enfermedades infecciosas, dice que los métodos químicos de control de multitudes empleados por la policía, están conduciendo a una mayor incidencia de problemas en la piel, los ojos y problemas respiratorios causados ​​por las substancias tóxicas. La violencia policial y el abuso de productos químicos se han convertido en cuestiones preocupantes incluso para organizaciones de derechos humanos como Amnistía Internacional. Otra indicio ha sido el aumento de la frecuencia con que policías de paisano se presentaron en los hospitales con el fin de identificar a los manifestantes golpeados e intimidarlos, con el objetivo de disuadir el castigo.

Además de los ataques contra la ciudadanía, algunos miembros de las unidades de la policía antidisturbios se están poniendo en contra de los periodistas que cubren los episodios de abusos. El primer caso que llamó la atención fue el de Aris Messinis, fotógrafo de la Agence France-Presse en Atenas, quien denunció haber sido víctima de un ataque dirigido el 17 de noviembre de 2010 durante una gran manifestación para conmemorar la caída de una junta militar. Durante 2011, los reporteros gráficos han sido blanco directo de la policía en la calle, obligando a su líder sindical Marios Lolos a acusar directamente al ministerio responsable en un par de conferencias de prensa de encubrir este tipo de incidentes de la policía antidisturbios "tratando de ocultar los abusos en los que están involucrados ".

La organización Reporteros sin Fronteras visitó Atenas en el verano de 2011 para investigar las causas de la caída de los índices de libertad de prensa del país. Grecia cayó fuertemente en el Índice Mundial de Libertad de Prensa de 2010, terminando últimos en Europa en el puesto 70 (en la clasificación de 2009 estaba en el lugar 35), junto con Bulgaria. La explicación de esta preocupante tendencia, concluye el informe, se debe principalmente a la crisis económica y financiera, que expuso las debilidades y las malas prácticas de un mercado de medios defectuoso que ha sido apoyado artificialmente durante años.

La cuestión principal planteada por los analistas y activistas de derechos humanos que estaban en contacto con la represión y el deterioro de la libertad de prensa, consistía en si esto era el resultado de la pérdida de control por parte de la policía, o de una elección consciente para dar soporte a una represión cada vez mayor mientras la austeridad aumentaba las turbulencias sociales.

Dos momentos importantes para los movimientos sociales en Grecia

Enero traería dos casos importantes de respuesta social en el campo de la administración general y la política de migración. El primero fue la huelga de hambre de 300 inmigrantes que llegaron a Atenas desde Creta y trataron de encerrarse en la Facultad de Derecho de Atenas. La inicial reacción negativa aisló a los inmigrantes y a las organizaciones políticas, que se refugiaron en un edificio antiguo en el centro de Atenas. A partir de ahí, y durante más de un mes, lucharon contra la publicidad negativa y una opinión pública hostil y al final lograron negociar su salida. Sin conseguir ninguno de los objetivos maximalistas que inicialmente pretendían, pero cambiando por primera vez la agenda de la política de inmigración del discurso xenófobo que dominaba el tema en 2010, a una más pragmática sobre los desafíos que la migración planteaba en la sociedad griega.

Por desgracia, estos logros se desvanecerían rápidamente. Bajo la presión de la austeridad y con las perspectivas de la calidad de vida disminuyendo rápidamente en el centro de Atenas, un estallido anti-inmigración surgió en mayo de 2011 en la opinión pública griega, provocado por el asesinato de un griego de 44 años por tres inmigrantes que intentaban robarle. Los pogromos contra los inmigrantes, instrumentalizados por organizaciones de extrema derecha, se extendieron por Atenas y otras ciudades, ataques que en su mayoría no fueron respondidos por las autoridades y alteraron permanentemente la relación de los atenienses con los extranjeros durante los próximos meses y años.

El segundo acontecimiento ha sido la revuelta popular de las personas residentes en Keratea, en las afueras de Atenas, en contra del proyecto de un punto de recolección y depósito de basura en su área. Keratea comenzó como un conflicto local entre los residentes y las autoridades civiles, pero se transformó en un enfrentamiento simbólico de ciudadanos independientes y organizaciones políticas contra las fuerzas de la policía, que pasaron más de cuatro meses enfrentándose entre sí de forma violenta fuera del pueblo. La cantidad de atención y solidaridad que la gente de Keratea atrajo no tiene precedentes en la historia griega moderna y, teniendo en cuenta que los planes para la instalación del punto de recogida han sido atrasados, se puede hablar de victoria relativa. Más importante es que en este caso las personas involucradas trataron de dar una respuesta completa a una política coercitiva, tanto desde el punto en el que se resistieron a lo que percibían como la fuerza opresora del Estado, como desde el plano judicial, en el que trataron de llevar al gobierno a los tribunales.

Las campañas de información permitieron que la gente comprendiera el impacto de los intereses empresariales organizados sobre la política de gestión de residuos, el periodismo de investigación independiente mostró cómo el gobierno colaboraba a favor de los contratistas de grandes proyectos en contra de los intereses de los ciudadanos, y finalmente, un gran "Festival de Arte de Resistencia" situado entre el pueblo y las fuerzas del estado proclamando la solidaridad, han marcado el recuerdo de Keratea como un evento donde los ciudadanos bien organizados han sido capaces de enfrentarse y detener a la maquinaria del Estado.

Tanto en el caso Keratea y la huelga de hambre de los 300 han sido eventos en los que las personas voluntarias han participado en acciones de solidaridad política con el fin de lograr un objetivo específico en contra de la autoridad estatal. Independientemente del éxito de los intentos, estos dado luz a una innovadora perspectiva sobre la participación y la acción política que hasta entonces sólo rondaban la cabeza de los grupos anarquistas liberales como una cuestión teórica o había sido poco practicado en pequeños proyectos políticos.
El espíritu de esta movilización política de masas, afectada por la amplia deslegitimación del sistema político griego, inspiraría un enfoque diferente de la política que por primera vez se cristalizaría en el movimiento de los "Indignados griegos” que se apoderó de la plaza Syntagma durante junio de 2011.

La Plaza del Pueblo


La movilización de masas en las plazas centrales de otras capitales europeas, que introdujo el espíritu de las revueltas populares árabes de los países del Magreb en Europa, llegó tarde a Atenas. Los griegos estaban tan distraídos en sus propios problemas y peleas políticas que no consiguieron ver nada innovador en el levantamiento popular pero pacífico de los europeos. Al principio, algunas personas tomaron la iniciativa, a través de Facebook, de proponer la toma de la Plaza Syntagma (Plaza de la Constitución). Muchos otros rechazaron la idea, argumentando que después de tantos violentos disturbios sin lograr detener las políticas neoliberales, un movimiento pacífico sería inútil de todos modos. Al cabo de sólo unos días, la plaza se estaba hundiendo bajo el peso de cientos de miles de manifestantes que volvían una y otra vez sólo para gritar contra el sombrío parlamento erigido en la parte superior de la plaza y los políticos en su interior. Luego, la plaza siguió su curso para convertirse en un momento histórico único en la política moderna griega.

Las masas reunidas en la plaza Syntagma, a lo largo de junio, ofrecen un terreno para la reflexión sobre el desarrollo de las respuestas a las políticas de crisis dentro de la sociedad griega. La multitud no fue homogénea políticamente, ni coordinaron las acciones ni la retórica durante las protestas. Aún así, proyectaban una cohesión en cuanto a su expresión de rechazo absoluto de la política dominante. Se podían observar diferentes niveles de implicación, así como el desarrollo de diferentes dinámicas en la plaza durante las semanas de protesta.

Una multitud más interesada en protestar contra los políticos y el sistema político en general, demostró una tendencia a reunirse y gritar fuera del Parlamento. Sus consignas se centraban en personalidades impopulares de la política y destacaban su indignación con el sistema político corrupto. Ninguna clase social en concreto estaba sobre-representada entre la multitud, que constituía una imagen representativa de la clase media-alta, la media-baja y la clase trabajadora. Un grupo cohesionado de extremistas de derecha intentaron hacerse con un lugar en frente del Parlamento y dar un tono "nacionalista" a las consignas políticas de la multitud. A pesar de que muchos izquierdistas creyeron que el proceso descarrilaría y se transformaría en un brote de furia nacionalista, la gente aisló cualquier elemento radical instintivamente, lo cual prueba la ajenidad de la gente corriente hacia las fuerzas sociales en cuanto a la proyección de conductas violentas últimamente. No hubo consignas o comportamientos xenófobos en la plaza, que estaba dominada por completo por las referencias a la crisis. Otros temas relacionados con la emancipación feminista, los derechos humanos, derechos de los ciudadanos, etc. estuvieron también notablemente ausentes de los temas planteados en la plaza, ya sea en los debates o en las manifestaciones.

La gente persistió en dos cosas: el carácter pacífico de la manifestación y en que ninguna organización con una agenda política se hiciera con las manifestaciones. La animosidad hacia cualquier forma de grupo político organizado que apareciera en la plaza fue profunda y no negociable, dando argumentos a la gente que trató de caracterizar la manifestación por su falta de contenido político o por estar expuesta a la manipulación política de los grandes medios y el gobierno.

El auge de la democracia directa

Una segunda gran concentración de gente se reunió en la parte inferior de la plaza, donde se estableció un campamento y se dedicaron a crear una comunidad que se ocupara de todo tipo de asuntos administrativos. Con el paso del tiempo, la comunidad, que se constituía cada noche a las 8 en una asamblea abierta que duraba varias horas, se encontró participando en un experimento real de democracia directa, algo que transformaba  su principal reivindicación política y, en algunos casos, su mantra, mientras que el mes se acercaba a su fin. Las personas que participaban en la comunidad y en la asamblea organizaron actividades culturales, políticas y sociales, tales como seminarios de introducción a las finanzas y la economía, conciertos, acciones de solidaridad con los huelguistas, una cocina libre, un equipo de limpieza y un grupo de medios que hasta cierto punto consiguió llevar la voz de la asamblea al público sin ser manipulada por los grandes medios. Estas actividades conllevaban retos administrativos y ofrecían una oportunidad a muchos “principiantes”, si se puede decir, de expresar un entendimiento de los desafíos planteados por la práctica política. Durante su participación en la asamblea o en actividades, la gente se animaba mutuamente a participar por igual y a no aceptar los roles de líderes y “liderados”. A pesar de que los roles han existido de manera informal, la idea central era que todos en la plaza eran iguales y que el poder era ejercido sólo mediante consenso. Esto llevó muchas veces a contradicciones entre la teoría y la práctica y traía desacuerdos que hacían que la gente se resistiera al compromiso. Cierta debilidad teórica de la reivindicación de democracia participativa directa apareció durante ese mes y empujó aún más al debate sobre el tema. Esto fue intensificado por las invitaciones que la Asamblea envió a los académicos e intelectuales como el popular economista Giannis Varufakis, el abogado constitucionalista Giorgos Katrugalos, el ex analista de JP Morgan Dimitris Kazakis y otros que debatieron con la gente sobre las medidas de austeridad, la crisis de la deuda y sus implicaciones políticas.

El gran momento de la plaza

No fue una simple coincidencia que la actividad de la plaza llegara a su punto álgido de participación y actividad política a medida que los días de la votación de un paquete de austeridad provisional el 28 y 29 en el Parlamento griego se acercaban. La Troika exigió que el Parlamento ratificara un odioso programa de impuestos y recortes de gastos que movilizaron a la opinión pública sobre el anuncio un mes antes. De lo contrario, el dinero del próximo rescate no llegaría a Atenas. La asamblea discutió exhaustivamente acerca de su respuesta a la votación y, finalmente, se tomó la decisión de intentar un bloqueo del parlamento durante esos días. Mientras se acercaba el día en medio de un clima polarizado y teniendo en cuenta los precedentes violentos de las manifestaciones en la Plaza del Pueblo, se esperaban dos días dramáticos. Y así fue. El gobierno movilizó a una enorme fuerza policial y detuvo el transporte público a la plaza, en un esfuerzo por disuadir la participación en las manifestaciones. Sin embargo, decenas de miles de personas se presentaron en el lugar, a los que se unieron una multitud procedente de las manifestaciones de los sindicatos, que llegaron más tarde a lo largo del día a la plaza. El enfrentamiento que siguió a las manifestaciones resultó cada vez más violento, con las fuerzas antidisturbios de la policía intentando el desalojo de la plaza a través del uso excesivo de la fuerza y ​​gases lacrimógenos. Los videos y fotos que se conservan de estos dos días y el material producido por los testigos oculares, son prueba de que el espíritu de solidaridad y la cohesión alcanzada en junio en la asamblea fue algo más que sólo palabras. La gente sufrió agresiones y  ataques que están más allá de los límites legítimos de un régimen democrático en el ejercicio de su monopolio de la violencia y hasta cierto punto legitimó el argumento de muchos en Grecia que culpaban al gobierno de autoritarismo. El gobierno apenas superó la tensión de aquellos días. La escalada de la violencia puso de manifiesto la falta de legitimidad del gobierno de Papandreou, que obligó al Primer Ministro a un intento de éxodo, visitando al Presidente y presentándole su dimisión, con la condición de que un gobierno de coalición nacional tomara la carga de la ratificación de la legislación necesaria para garantizar que Grecia continuara recibiendo el dinero del rescate.

La plaza estaba a punto de lograr una victoria enorme capaz de impulsar al movimiento y cristalizarlo como un logro histórico para enfrentarse a un gobierno e impedir, aunque fuera temporalmente, el avance de las políticas neoliberales en el país. Miembros de alto rango del PASOK interrumpieron el éxodo de Papandreou y reunieron el apoyo entre las filas de los diputados del PASOK, que estaba debilitándose rápidamente, para poder votar el paquete de austeridad. A pesar de fallar en su tarea final de parar la legislación, la gente sentía que el mantenimiento de la plaza y la continuidad de la asamblea habían sido una victoria contra la policía y el gobierno. Sin embargo, con la llegada del mes de agosto la mayoría de la gente abandonó la plaza, que pronto se convirtió en una reunión irrelevante de personas anti-sistema, sin ningún tipo de contenido específico

La crisis griega resuena una vez más en todo el Mundo

Otoño trajo más de una huelga general bajo el paraguas de los sindicatos, aún después de un invierno de descontento y de confrontación brutal con las fuerzas neoliberales, la gente parecía haber perdido la iniciativa. La crisis política que se extendía en Atenas a finales del mes de octubre fue más  producto de las luchas internas de poder y la fatiga del sistema político que de la contestación social. La escasa credibilidad internacional que le quedaba al país y a su sistema político se desvanecía peligrosamente, haciendo que sus ciudadanos se preguntaran lo que les depararía el futuro. Una de esas noches, mientras que caminaba a través de un vacía Plaza “Constitucional” frente al Parlamento, Dimitris Pagoulatos, empleado de una compañía de seguros que le obligó a aceptar una reducción del 20 por ciento de su salario durante el verano, y que se preparaba para pagar una cantidad superior a 1.000 euros en impuestos de emergencia ampliados por el gobierno desde julio a septiembre, describía como nunca antes había sido más pesimista en su vida. "Escuchamos todos aquellos argumentos y pensamos en lo alejados que están de nuestra realidad todas esas personas en el interior del parlamento. Nosotros y ellos vivimos en dos mundos diferentes”, narró. "Estos son tiempos peligrosos y vivimos en ellos sin esperanza para el mañana. Pareciera que la paranoia colectiva hubiera dominado esta sociedad”.

A pesar de la incapacidad financiera y el creciente aislamiento internacional del país en cuanto a su postura sobre la crisis de la deuda en desarrollo, Grecia, por una ironía del destino, aún tenía en sus manos un poder tremendo. La decisión de Papandreou de someter a referéndum las decisiones de la cumbre de Bruselas de 27 de octubre 2011 sobre la crisis de la deuda griega ha arrastrado a Grecia, a su condición de miembro de la Unión Europea, y al futuro mismo de la Unión monetaria, al abismo.

El 27 de octubre los líderes europeos dejaron la capital belga con la sensación de haber elegido el mejor armamento posible contra la crisis de la deuda. Esto es lo que Georgios Papandreou anunció a su llegada a Grecia el mismo día, preparando a sus compatriotas para mayores sacrificios a cambio de una rebaja del 50 por ciento de la deuda griega, lograda con la ayuda de los principales socios europeos que obligaron a los banqueros a aceptar semejantes pérdidas. Los Estados miembros de la zona euro acordaron también potenciar el impacto del fondo de rescate del euro, el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (EFSF), de alrededor de 1 billón de euros (1,4 billones de dólares).

A su regreso a Grecia, impredeciblemente, Papandreou decidió solicitar la aprobación democrática de este acuerdo al pueblo griego. Inmediatamente Merkel y Sarkozy convocaron al primer ministro griego en Cannes, donde el G-20 había celebrado su reunión ordinaria, y le dejaron claro que un referéndum sólo podría referirse a la cuestión de si los griegos todavía querían quedarse con sus socios de la zona euro o no. También advirtieron que Grecia no iba a conseguir más dinero del rescate hasta que se aclarara que se adhería a todas las medidas acordadas en Bruselas el 27 de octubre. Las reservas en efectivo del país, según el Ministro de Finanzas, durarían hasta 15 de diciembre. Durante los dos últimos años de la crisis de la deuda no ha habido ningún intento de chantaje más evidente para forzar a un país a aceptar las recetas de austeridad de la Comisión Europea, el BCE y el FMI. El déficit democrático de Bruselas y la naturaleza coercitiva del "Merkozi" quedaron al descubierto más que nunca.

Con una amenaza explícita para ser lanzados con una patada fuera de la zona euro, y la quiebra colgando sobre el país, Papandreou se apresuró a regresar a Atenas para hacer frente a un motín con todas sus letras entre las filas ministeriales y diputados de su partido. Pasó varios días luchando por su supervivencia política. Después de resistir las presiones dentro de su partido para que presentase su dimisión, y habiendo abandonado la idea del referéndum, pidió un voto de confianza esa noche a cambio de su posterior renuncia y la conformación de un gobierno de unidad nacional.

El thriller que se desarrollaba en Atenas fue resonando a lo largo y ancho del mundo, provocando una caída de los mercados de valores. El euro cayó 7,5, mientras que el Banco Central Europeo lanzó más de 500 millones de euros a los mercados con el fin de detener un contagio de la crisis a otros socios del sur de Europa. Irónicamente, el corredor internacional de apuestas William Hill había apostado 11-10 a que un país saldría del euro a finales de 2012.

Por encargo de sus socios internacionales Grecia había formado un gobierno de coalición compuesto por los dos grandes partidos tradicionales, Nueva Democracia y PASOK, así como la extrema derecha de LAOS, a fin de asegurar que la Troika no desenchufara Grecia. Un reconocido banquero, Loukas Papademos, fue invitado a dirigir el nuevo gobierno y ayudar al país a cumplir sus compromisos con el objetivo de asegurar un mayor apoyo internacional a fin de escapar de la amenaza en ciernes.

Un Momento Triste para la Causa de los Movimientos Sociales

Mientras que el sistema luchaba para lograr un sensible equilibrio, los partidarios de los partidos de izquierda y los bloques negros anarquistas volvieron a ocupar la plaza Syntagma. Esta vez, sin embargo, no se logró la cohesión y la enorme tensión degeneró en un enfrentamiento brutal entre los miembros del Bloque Negro y la Unión Comunista PAME. Grecia es uno de los últimos países europeos donde un Partido Comunista tradicional al estilo soviético atrae a cerca de un 8 por ciento del electorado. Es un partido con estructuras bien organizadas y vínculos bien establecido con lo que quedó de la clase obrera en la zona industrial del país. El rencor entre anarquistas y comunistas se remonta a muchas décadas y tiene dimensiones históricas e ideológicas. Pero la imagen de las personas atacándose brutalmente unos a otros, envió un mensaje muy desmoralizador para la gran mayoría de los asistentes a la manifestación. La policía falló, en este caso, al no intervenir y controlar a la multitud, alegando que la dirección del Partido Comunista le pidió no intervenir. La idea de que los líderes comunistas coordinaron sus tácticas callejeras con la policía fue otro punto negativo de toda esta historia. Para muchos, que imaginaban que la política callejera ha sido más complicada que una mera confrontación de cosmovisiones y de ideologías, este seguía siendo un momento de despertar. La historia política griega y la historia de los movimientos sociales en el país son de hecho complicadas y se caracterizan por una amarga lucha interna entre las llamadas fuerzas progresistas. Esto se refleja muy bien en los antagonismos entre los partidos parlamentarios de tendencia izquierdista, así como en la incapacidad de dichas fuerzas de unir fuerzas en la proyección de alternativas de trabajo político. A finales de 2011, las encuestas de opinión mostraron que los partidos de la izquierda parlamentaria recibirían el apoyo de alrededor del 30 por ciento del electorado. Aún así, la fragmentación entre ellos descartaba cualquier posibilidad de que se pudiera formular una alternativa política seria que, en combinación con los  movimientos sociales en crecimiento, podrían desafiar directamente a las fuerzas neoliberales. Esto es algo que, con un gran coste, pondrá a prueba a la sociedad griega en los próximos años.

Las industrias colapsan, los trabajadores se organizan

El final de 2011 dibujaba un panorama nefasto para la economía griega. La recesión ha subido a un 6 por ciento y el desempleo estadístico está por encima del 19 por ciento. El real es mucho mayor, siendo los jóvenes hasta los 34 años de edad los más afectados, con la mitad de ellos fuera del mercado de trabajo. Esta dura realidad se combina con el colapso económico de muchas empresas y una agresión a los supervivientes, que limita los gastos salariales y profundiza en la desregulación de sus condiciones laborales. En esto estaba la industria siderúrgica "Xalivourgia 'a finales de noviembre cuando echó a 50 trabajadores y pidió al resto la reducción de su jornada laboral semanal a cambio de menos dinero. Los trabajadores del acero de “Xalivourgia" cerraron la planta y llevaron a cabo una larga huelga que aún sigue adelante, actualmente más de 60 días. La solidaridad con ellos de todos los niveles sociales, en términos simbólicos y materiales, ha sido considerable para poder enfrentarse a la empresa, y esto a pesar del velo de silencio de los grandes medios, que hizo que la huelga pasara desapercibida para la opinión pública al principio. Sin embargo, los trabajadores de 'Xalivourgia' han perdido un importante aliado en su lucha. Los trabajadores de la planta gemela de la compañía en Volos, un centro urbano de la Grecia continental, llegaron a un acuerdo con la empresa y siguieron trabajando a pesar de los intentos de sus colegas en Atenas de persuadirles para que se unieran a la huelga. Así, su lucha ha acabado en un callejón sin salida con la empresa, con ambos esperando a ver quién aguanta más tiempo. El destino de la publicación de problemáticos grandes periódicos ha sido diferente. "Eleftherotupia", una histórica publicación de centro izquierda, y 'Ependytis ", un semanario popular, han cerrado durante las vacaciones de Navidad, dejando más de 1.000 desempleados y una enorme carga de deudas pendientes. Los trabajadores de ambas empresas intentaron durante meses evitar los cierres, pero no han logrado aportar planes alternativos de negocios suficientemente serios como para mantenerlos abiertos. Lo cierto es que en condiciones económicas tan negativas proporcionar ideas políticas innovadoras no es una tarea fácil. El destino es el mismo para muchas más empresas similares pero de menor tamaño.

Fin de año, comienzo del mayor ataque al valor del mercado de trabajo y los derechos laborales

Tras dos años de constante confrontación con la de la desregulación del trabajo, los trabajadores griegos se enfrentarían ahora al ataque más grave a sus derechos. Y nadie puede ser optimista acerca de una respuesta organizada de los órganos colectivos en su nombre. Los sindicatos, ya desmoralizados e ineficaces han perdido gran parte de su poder. Las huelgas no siempre han sido muy exitosas y en los principales casos ha sido difícil de cristalizar los logros. Los derechos laborales se han enfrentado a una estampida de irregularidades, y la desregulación del mercado laboral ha sido la única cosa a la que los gobiernos griegos han sido leales el año pasado. Como dice Christina Kopsini, una importante analista del derecho laboral y del mercado de trabajo, “las únicas medidas previstas en los paquetes de austeridad que se han llevado a cabo sin ningún tipo de demora  han sido las de la desregulación del mercado laboral y la abolición de los derechos fundamentales que derivan de la legislación laboral". Durante el año 2001 el ex ministro de Trabajo Louka Katseli, mantuvo largas negociaciones con la Troika para la introducción de una legislación que dio fuerza a los contratos de empresa en perjuicio de los convenios colectivos sectoriales. De este modo, se otorgaba más poder a los empleadores y disminuía el poder de negociación colectiva de los trabajadores. Más tarde, admitió que había seguido este camino con el fin de impedir que la Troika pusiera en la mesa de negociación con el Estado griego temas más importantes como el Convenio Colectivo Nacional. Ahora parece que fracasó, después de haber sido aislada políticamente en verano.

La Troika ha vuelto preparada para otro chantaje, condicionando el próximo préstamo de rescate a medidas que, esencialmente tienen como objetivo el Convenio Colectivo Nacional y los salarios mínimos. Entre ellas se incluyen la reducción de los salarios en el sector privado y la abolición de las primas salariales 13ª y 14ª con el fin de seguir avanzando en la devaluación interna. En ausencia de una política monetaria independiente en la que una devaluación sería una opción viable para Grecia para recuperar la competitividad, la devaluación del valor del mercado de trabajo es la única alternativa para la Troika. Parecen creer que la autorregulación de los mercados se encargará del resto, haciendo caso omiso al hecho de que el ataque a los derechos laborales está directamente conectado a la cada vez mayor recesión y la reducción del PIB nacional.

Lo que la Troika está haciendo, en realidad, es destruir cualquier mecanismo de redistribución del capital e imponer la devaluación del valor del mercado de trabajo que reduzca los ingresos de los griegos y los sitúe entre los más bajos de Europa. No está claro si los trabajadores son capaces de reaccionar con eficacia a este ataque. Los sindicatos están confundidos y han sido derrotados durante los últimos dos años, por lo que sufren un grave retroceso de la confianza de sus miembros. Los trabajadores se dividen y la supervivencia en el mercado es cada vez más una tarea personal y no un esfuerzo colectivo, algo que no es muy difícil que suceda en una sociedad  en la que los principios individualistas se han popularizado durante más de 20 años. Los empleadores se han vuelto más decididos a perseguir la reducción de los gastos salariales, ya que la supervivencia en un clima de recesión sin fin se ha hecho más difícil. Grecia no ha conseguido huir del impago regular o irregular haciendo que las personas con trabajo sean menos exigentes y estén dispuestos a aceptar los recortes salariales y la pérdida de derechos laborales. La desregulación seguirá adelante con rapidez mientras la clase obrera esté confusa y desorientada. Y es difícil ser optimista en este clima.

Obligados por la necesidad de una respuesta rápida y precisa, la sociedad civil y los trabajadores organizados tendrán que buscar una mayor unidad en torno a sus objetivos. Savvas Robolis, jefe del instituto de investigación del GSEE, el mayor sindicato del país, ha advertido de que la gente debería concentrarse en permanecer unida y coordinar la acción. Como se dijo antes, con las fuerzas organizadas de izquierda todavía fragmentadas en cuanto a la ideología y a los objetivos políticos de nulo valor, y con los movimientos sociales independientes sin la masa crítica y moral necesaria para asumir el gobierno, el 2012 no será un año feliz para las fuerzas sociales del país. Sin embargo, existe una gran oportunidad, siempre y cuando esas fuerzas alternen un tanto sus perspectivas. Grecia se acercará a la posibilidad de un impago, ordenado o desordenado, esta primavera. Esta es al menos la estimación de la mayoría de los actores más importantes, desde fieles fuerzas del mercado como Goldman Sachs, a economistas de izquierda radical. Este será un momento crítico, ya que el impacto del colapso económico repercutirá en toda la sociedad y provocará turbulencias sociales más importantes.

La gente, asustada o no, tendrá que tomar decisiones en relación con la naturaleza de esta sociedad. Las fuerzas neoliberales tendrán que romperlos una última vez antes de cristalizar para los próximos años sus ganancias de poder en el mercado laboral y de poder político. Los griegos, dada su volátil cultura política y la experiencia que han acumulado durante los últimos dos años, se defenderán. Queda por ver si se tratará de una respuesta organizada con objetivos específicos bajo una estrategia unitaria, o será representado a través del caos en las calles de Atenas, una vez más. Pero el observador, al margen de los resultados generales en los próximos meses debería centrarse en cómo las agrupaciones de detalles de la actividad social se comportarán. Activistas sociales de los medios de comunicación, con mucha energía en los últimos dos años, se están preparando para otro invierno turbulento. Estructuras de solidaridad como el de Médicos del Mundo se han involucrado ya con miles de ciudadanos socialmente excluidos, ofreciéndoles asistencia médica y alimenticia fundamental. Mientras que el Estado abandona sectores del estado de bienestar, las fuerzas sociales más despiertas saldrán probablemente al escenario y tratarán de organizar estructuras y responder a la destrucción neoliberal. Fuerzas independientes de ciudadanos tendrán un papel y pueden marcar la diferencia, dado que la capacidad administrativa del poder centralizado se desvanece. Tendrán un papel que desempeñar, pequeño pero fundamental, y fuerzas de izquierda organizadas deberían tratar de llevarlos a los espacios sociales que controlan y adaptarse a sus iniciativas innovadoras sin controlarlos con fines políticos electorales y mezquinos. Va a ser una lucha por el mañana y, a pesar del pesimismo de estos días, la forma en que se librará es importante para el futuro. Esto lo debería recordar todo el mundo cuando mire hacia Grecia durante el 2012.